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Conservas de Pescado Virgen del Carmen
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Conservas

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Presente y futuro de las conservas

Comer conservas cada día está más de moda. Es una tendencia que ha colocado las latas en conserva en las estanterías gourmet de los establecimientos más reputados. Y no es para menos.

Poder consumir determinados productos fuera de temporada, degustar conservas artesanas o comer en cualquier momento y en cualquier lugar conservas de pescado, por ejemplo, son solo algunos motivos del éxito de un producto que nació por la necesidad de alimentar a las tropas y de mantener en buen estado los alimentos.

Falsos mitos en torno a las conservas

Pese a que en nuestros días este tipo de alimento y de formato ha adquirido la categoría de preciadas conservas gourmet, ha padecido el injusto golpeo de los falsos mitos. En torno a la figura de la lata en conserva se manejan numerosas falsedades que hoy vamos a desmontar para que estés bien informado.

Las latas de conserva no llevan conservantes químicos

El proceso de enlatado tiene que ver con otros elementos como la presión o la temperatura; en modo alguno con el uso de conservantes. Las latas de conservas son esterilizadas bajo estrictos tratamientos de alta presión junto con la acidez o la salinidad del jugo que cada producto lleva: aceites, vinagres, adobo, etc. El envasado al vacío y estos líquidos y salmueras son los únicos elementos que intervienen en una lata de conserva.

De hecho, en este sentido es interesante saber, por ejemplo, cómo las latas de atun en conserva o de melva canutera o melva de almadraba en conserva están sujetas a las directrices del Consejo Regulador de la Melva y la Caballa de Andalucía. Un solo ejemplo extensible al resto de productos, como la caballa en conserva o los boquerones fritos en conserva.

El metal de la lata no afecta al sabor

Que el metal de la lata afecta al sabor es otra de las falsedades que giran en torno a estos alimentos. Una creencia que deja de tener sentido si tenemos en cuenta que la mayoría de las latas son de aluminio recubierto de barnices y lacas inocuos.

El metal no solo no afecta al sabor, sino que ayuda a mantener los alimentos en perfecto estado de conservación. Y no deja pasar la luz solar, que es uno de los principales causantes del deterioro de los alimentos.

Los alimentos en conserva no pierden sus nutrientes

Los alimentos, cuando son enlatados, están en estado fresco, por lo que una vez envasados mantienen todos sus nutrientes. Sus propiedades permanecen intactas hasta que el alimento llega, como cualquier otro, a su fecha de caducidad.

Este mantenimiento de las propiedades alimenticias pone sobre el tapete la idoneidad de estos productos. Una gran ventaja es que pueden comerse en cualquier momento y en cualquier lugar, algo que no sucede con los alimentos frescos.

Virgen del Carmen, conservas de elaboración artesana.

El líquido de las conservas de pescado es apto para el consumo

Hasta hace no mucho tiempo se pensaba que el líquido de las latas de conservas no era apto para el consumo. Nada más lejos de la realidad. Tal y como decíamos antes, en el proceso de enlatado intervienen los líquidos naturales, las salmueras y el envasado al vacío. Esos líquidos naturales – aceite, vinagre, adobos o salmueras – son, obviamente, aptos para el consumo pues nada tienen que ver con los aditivos químicos.

Ahora bien, dicho esto ya queda a criterio del consumidor la posibilidad de ingerir ese líquido o deshacerse de él. Un hecho que tendrá más que ver con los gustos que con la salubridad. Existen personas que escurren los aceites para añadir limón, lo cual es un solo ejemplo de algo que, como decimos, tiene que ver con los gustos y no con la falsedad en torno a este tipo de componentes.

Tras la apertura de una lata de conserva, el contenido no hay por qué tirarlo

Imaginemos que abrimos una lata pero no nos comemos todo su contenido. Hay muchas personas que creen que en este caso es mejor tirar el alimento, lo cual es otra incorrección en relación con este tema.

Lo que hay que hacer en estos casos es preservar el alimento dentro de la misma lata. Solo habrá que taparla con film o papel de aluminio. Podrás comer el atún en conserva o el producto que sea unos días después porque se encontrará en perfecto estado de conservación.

Las conservas y el medio ambiente

Cuando tan de moda está la concienciación medioambiental hay que saber que la lata no es el modelo de envase que más contamina. Se trata de otra falsedad que ha acompañado tradicionalmente a las latas de conservas.

Contra los 900 años que tardan en degradarse el plástico y el vidrio, las latas de aluminio abarcan un plazo medio de una década. Una diferencia que desmitifica este asunto de un plumazo. No obstante, y pese a estos plazos, la reutilización de las latas es la afirmación definitiva que acaba con la falsa creencia de que son los envases más contaminantes.

Las latas no contienen más sal o azúcar de los recomendados

En este post acerca de los falsos mitos en torno a las latas este no podría faltar, porque la realidad es que las latas de conservas de pescado no contienen más azúcares o sal de lo que es recomendable para el ser humano. Las latas cumplen a rajatabla las directrices que existen en materia de seguridad alimentaria.

La conserva y las abolladuras

¿Quién no ha oído decir que una lata abollada tiene que ser tirada o desechada? Seguramente se trate de una de las creencias más extendidas, cuando en realidad no es más que otro falso mito. Las latas abolladas no tienen por qué tirarse cuando solo se trata de un golpe en el envase que en nada afecta al interior del envase ni al alimento contenido en él.

En este sentido es conveniente saber que todas las latas cuentan con un recubrimiento interior flexible. Los alimentos, gracias a este recubrimiento, nunca están en contacto con el metal. Ni siquiera cuando el metal sufre un golpe, a menos que este sea tan intenso que llegue a romper el envase. En este caso sí habría que desechar la lata, aunque esta circunstancia es bastante improbable.

Los envases están diseñados en cualquier caso para soportar altas temperaturas e incluso caídas. No tendría sentido lo contrario si tenemos en cuenta la utilidad de las latas en sus inicios.

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Las conservas artesanas, todo un invento

Llegados hasta aquí, en los tiempos que corren ya son muchos los que han sabido sacar enorme partido al potencial de estos alimentos. No hay más que ver la cantidad de establecimientos y superficies que tienen como protagonistas las conservas gourmet.

Ya nada queda de aquella relación de las latas con las comidas propias de solteros, vagos o inexpertos en cocina. Ya nada queda de su relación con aquellos momentos en los que la ausencia de ganas de cocinar imperaba. La comida enlatada, las latas y las conservas artesanas, hoy en día, están en lo más alto de la gastronomía, después de que los mejores establecimientos y chefs hayan puesto los ojos en este tipo de envases y en este tipo de comida.

Vivimos una época dorada para este tipo de alimentos que sorprendería incluso al mismísimo Peter Durand, el británico al que se le adjudica la autoría del nacimiento de las latas cuando en realidad lo que hizo fue convocar un concurso dotado de una cuantía económica para quien diera con la posibilidad de enviar a las tropas destinadas en el frente alimentos en perfecto estado de conservación. En cualquier caso y en relación con la autoría del invento de las conservas, parece que la cosa está reñida entre este británico y el mismísimo Napoleón.

España y nuestra tradición conservera

Autorías al margen, de lo que no cabe duda es de la tradición conservera de nuestro país. De una tradición que ha pasado de generación en generación, de padres a hijos. Una tradición como el levantamiento de las almadrabas en Barbate conocido a nivel mundial que se hace notar dentro de las latas, donde además de un producto de calidad se encuentran la sabiduría y el conocimiento.

Así, España es una de las grandes potencias en este mercado a nivel europeo y mundial. Como referente en este mercado, se consolida como el segundo país del mundo en producción de latas de conserva detrás de Tailandia. Los datos de las exportaciones españolas de conservas son abrumadores y el mejor reflejo de todo lo que tiene que ver con la tradición española.

Un éxito más con sello made in Spain que sumar a otros muchos relacionados con la gastronomía, como el jamón o el aceite de oliva. Un éxito que junto a los otros pone sobre la mesa la importancia de priorizar la calidad frente a la cantidad. Precisamente, el secreto que coloca a nuestro país en situación de privilegio en el mapa mundial en este caso.

Un secreto que pasa por la consecución del máximo equilibrio cuando España produce marcas blancas para grandes superficies, pequeñas tiradas de conservas gourmet, líneas de conservas artesanas, etc. En definitiva, España es todo un ejemplo en cuanto a la producción de conservas.

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