Casandra Madrigal Arellano, M.Sc., Ph.D.
- Los pescados y mariscos son la principal fuente dietética de ácidos grasos polinsaturados omega-3 (DHA y EPA), esenciales para el desarrollo neurocognitivo infantil.
- Diversas organizaciones internacionales recomiendan su consumo regular por sus beneficios para la salud infantil y la prevención de enfermedades en la vida adulta.
- Varios estudios científicos han encontrado una relación positiva entre el consumo de pescado graso y el desarrollo cognitivo en niños y adolescentes.
- En España, muchos niños no alcanzan las ingestas recomendadas de DHA y EPA, lo que resalta la necesidad de promover su consumo desde edades tempranas.
Los pescados y mariscos representan la principal fuente dietética de ácidos grasos poliinsaturados (AGPI) omega-3, como el DHA (ácido docosahexaenoico) y el EPA (ácido eicosapentaenoico), fundamentales para el desarrollo neurocognitivo durante la infancia. Estos ácidos grasos son considerados semiesenciales, es decir, el organismo no puede sintetizarlos por sí mismo en cantidad suficiente, y deben ser obtenidos en una gran parte a través de la alimentación. Se encuentran principalmente en el pescado azul o graso, como el boquerón, la sardina, el arenque, la anguila, la caballa, el bonito, el salmón, el atún, y el cazón.
Diversas organizaciones internacionales, como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), han destacado la relevancia del consumo de AGPI omega-3, no solo por su papel clave en la salud infantil, sino también por su potencial para prevenir enfermedades crónicas en la edad adulta, como las cardiovasculares y algunas patologías autoinmunes.

La Guía de la Alimentación Saludable elaborada por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomienda un consumo de 3 a 4 raciones semanales de pescado y marisco en todas las etapas de la vida, incluidas la infancia y la adolescencia, evitando especies con potencial contenido alto de mercurio. También es fundamental considerar el origen de los pescados y mariscos (por ejemplo, especies oceánicas frente a agua dulce, o productos nacionales frente a importados), así como factores ambientales o biológicos que pueden modular su toxicidad, como los niveles adecuados de selenio.
En este sentido, una reciente revisión sistemática publicada en la revista científica Advances in Nutrition examinó la relación entre el consumo de pescado y marisco durante la infancia y la adolescencia y el desarrollo neurocognitivo en 18 estudios. Los hallazgos sugieren que un mayor consumo de pescado, especialmente pescado graso, se asocia con mejores resultados en funciones cognitivas como la atención, la memoria y la inteligencia. Por ejemplo, en uno de los estudios, los niños que consumieron unos 300 g semanales de pescado graso durante 12 semanas mostraron mejoras en el 74 % de las pruebas cognitivas comparado con los que comieron carne de ave. No obstante, la certeza de la evidencia sigue siendo limitada, principalmente debido al reducido número de estudios disponibles, su corta duración y su concentración geográfica en poblaciones del norte de Europa.
Estudios anteriores también han reportado asociaciones entre una mayor ingesta de pescado y mejores resultados neurocognitivos en la infancia, probablemente debido a su perfil nutricional único. En particular, el pescado graso es la principal fuente dietética de los AGPI omega-3. Se ha observado que una ingesta diaria aproximada de 450 mg de DHA y EPA, puede favorecer la función cognitiva en niños con desarrollo típico. Asimismo, hay evidencia que respalda el uso de omega-3 como tratamiento complementario para trastornos de conducta infantil.
Además, los pescados y mariscos aportan otros nutrientes clave como proteínas, vitamina B12, hierro y oligoelementos, todos ellos relacionados con el desarrollo cognitivo y el comportamiento. Una revisión sistemática adicional ha identificado que una mayor ingesta total de pescados y mariscos durante el embarazo también se asocia con un mejor desarrollo neurocognitivo del bebé.
En conjunto, estos hallazgos refuerzan la evidencia de que el consumo de pescados y mariscos en las etapas prenatal y postnatal puede favorecer el desarrollo neurocognitivo en niños y adolescentes, sin que se hayan reportado efectos adversos significativos.
Sin embargo, aumentar el consumo de pescado y marisco hasta los niveles recomendados sigue siendo un reto. Entre las principales barreras se encuentran las preferencias de sabor, la familiaridad con estos alimentos, las habilidades culinarias, la accesibilidad económica, la disponibilidad y la preocupación por contaminantes ambientales.
En línea con esta información, los resultados del Estudio Nutricional en Población Infantil Española (EsNuPI), llevado a cabo por la Fundación Española de la Nutrición (FEN) y la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT), han revelado que los niños españoles de entre 1 y <10 años no alcanzan las ingestas recomendadas de ácidos grasos esenciales como el DHA y el EPA. Este hallazgo pone de manifiesto una brecha nutricional importante en la infancia que podría tener consecuencias a largo plazo sobre la salud neurocognitiva. Ante esta situación, es especialmente relevante promover el consumo de alimentos ricos en omega-3, especialmente pescado, desde edades tempranas, asegurando que los menores reciban una cantidad adecuada de estos nutrientes esenciales en su dieta diaria.
Conclusión
El consumo de pescados y mariscos, especialmente aquellos ricos en AGPI omega-3 como el pescado azul, representa una estrategia nutricional para apoyar el desarrollo neurocognitivo desde etapas tempranas de la vida. La evidencia científica, aunque aún limitada, apunta a beneficios en funciones como la memoria, la atención y el comportamiento.
En países como España, muchas familias no alcanzan las recomendaciones de ingesta de AGPI omega-3, lo que plantea una oportunidad clave en salud pública. Los productos como las conservas son una alternativa adecuada aumentar el consumo de pescados y mariscos.
Las preparaciones en conserva no solo preservan las cualidades nutricionales y organolépticas del pescado, especialmente su contenido en AGPI omega-3, sino que además facilitan su inclusión en una alimentación equilibrada, práctica, segura y accesible desde las primeras etapas de la vida.
Referencias
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